Thursday, March 26, 2020

Adelanto de THE SHADOW WAND por Laurie Forest.

Lee un adelanto exclusivo de THE SHADOW WAND. 





La Profecía Gardneriana

(Adivinada por los Sacerdotes Profetas usando cleromancia de Olneya)
Un Gran Alado pronto se levantará y
enviará su tenebrosa sombra sobre la tierra.
Y cuando la Noche asesine el Día
y el Día asesine la Noche,
también una gran Bruja Negra
se levantará a enfrentarlo,
sus vastos poderes más allá de la imaginación. 
Y cuando sus poderes colisionen 
sobre el campo de batalla,
los cielos se abrirán,
las montañas temblarán y 
las aguas se volverán carmesí.
Y sus destinos determinarán
el futuro de Erthia.  



La Profecía Noi

(Presagiada por los Sirvientes Bendecidos de Vo usando taseografía de Ginkgo Negro)
Un niño dragón será creado 
por la Gran Diosa Vo,
y será llenado con 
el fuego, el poder y la justicia
de la diosa dragón.
Pero nacida en la Sombra
otra gran Bruja Negra también se levantará.
Para tejer horror y corrupción
a través de Erthia.
Ambos se encontrarán en el campo de batalla
mientras todo el color se desvanece en el mundo.
Y es consumido por la sombra.


La Profecía Amaz

(Profetizada por los Videntes de la Diosa usando Astragalomancia del Olmo Rojo Sagrado)
Hijas de la diosa, escuchen!
Una gran fuerza se levanta
desde el Mundo Maldito de los Hombres.
Y en medio de esta obscuridad, un dragón 
y una bruja negra se levantarán y combatirán,
trayendo destrucción sobre el mundo.
Tomen armas, Hijas Bendecidas!
La hora de salvar Erthia ha llegado!



Prólogo



Hace quince años…


Edwin Gardner se sienta en una silla acolchonada de seda en un borrón de duelo.
Observa a su hermana enloquecida, Vyvian, mientras camina a través de su salón decorado, deseando poder lavarse las manos del legado maldito de magia de su familia.
Y deseando que las noticias que Vyvian acaba de impartir no fueran tan aterrorizantes.
Increíblemente, en medio de este día que alterará el mundo, Vyvian está vestida tan impecablemente como siempre. Su cabello negro largo y brillante está artísticamente trenzado, ni un mechón fuera de lugar. Su túnica y falda favorecedoras -azul medianoche con un lujoso bordado de ramas de pino-, están perfectamente planchadas. Y hay lujo en todas partes, en este maldito cuarto opulento: árboles oscuros y pulidos de Olneya puestos en las paredes, sus ramas obsidianas entrelazándose hacia el techo. A sus pies hay una alfombra con patrones de hojas de roble. Ventanas panorámicas bordeadas con ramas de vidrio tintado que dan una vista del jardín de rosas rojo sangre de Vyvian. 
Lo más fino de todo, Edwin considera con amarga angustia. Toda esta riqueza asegurada por el cruel reinado de fuego de su madre. Edwin enviá una plegaria para que las futuras generaciones no hereden esta magia terrible y corrupta. 
Vyvian continúa caminando, ni siquiera se molesta en mirar a los niños acurrucados en la esquina mientras el dolor amenaza con despedazar a Edwin.
Su hermano Vale y su compañera Tessla están muertos.
Edwin tiene la garganta constreñida, su respiración es irregular y laboriosa por la pérdida de dos de las personas que amaba más en el mundo. Quiere arrancar su cabello y llorar miserablemente hacia los cielos.Quiere reprender a su hermana, al completo monstruo que es Gardneria. Pero no puede caerse a pedazos. Tiene tres niños que necesitan de su protección. Los hijos de Vale y Tessla.
Rafe, Trystan y Elloren.
***
—No puedes pelear contra los Gardnerianos —le había advertido a Tessla hace solo unos meses atrás, consumido por la preocupación mientras la enfrentaba en su hogar localizado en Valgard—. No tienes idea de la crueldad de la que es capaz mi madre. Su poder se ha vuelto oscuro, Tess, la está consumiendo.
—Tengo que pelear —Tessla contrarió apasionadamente, su voz llena de desafío— están acorralando a todos los Fae, Edwin! A los niños también. Tenemos que ayudarlos!
No puedes.
Tenemos que ayudarlos. ¿Qué no lo ves? ¡Los Gardnerianos están haciendo lo mismo que los Celtas y los Uriscal nos hicieron a nosotros! Los niños están siendo capturados. Familias enteras. ¿Sabes cómo es eso? ¿Ver a tu familia, tu gente, acorralada para ser asesinada? ¿Oír a los niños gritar? —las mejillas de Tessla estaban rojas, sus ojos verdes ardían.
Era difícil para Edwin mirarla, se veía tan hermosa en ese momento.
Había tratado de razonar con ella. —Piensa en tus hijos —Vale y Tessla los dejaban con él por períodos más largos de tiempo mientras combatían este mal imposible de derrotar— ¿Qué harán Rafe, Trystan y Elloren si algo te sucede?
—¡No puedo sentarme y hacer nada sobre este horror!
—¡No puedes ganar, Tess!
Vale y ella estaban tentando al destino, Edwin lo sabía. Tentando el horrible poder de su madre y el ejército Gardneriano al trabajar para la resistencia. Ambos Vale y Tessla estaban involucrados en el contrabando de niños y familias Fae a través de Paso Este de la Espina, ambos ligados a Beck Keeler, Fain Quillen y Jules Kristian. Y otros.
El siempre-existente nudo de horror se apretó dentro de Edwin.
Temía que solo fuera cuestión de tiempo para que Vale y Tessla fueran capturados y ejecutados, para después ser presentados como héroes de su guerra. Las actividades de la Resistencia limpiamente encubiertas. Para salvar la reputación de la Bruja Negra. 
***
Y ahora está sentado aquí, el duelo ardiendo en su pecho, porque eso fue exactamente lo que pasó. Vale y Tessla fueron aprehendidos hace tres días mientras intentaban salvar a un grupo de niños Asrai Fae que iban a ser enviados a las Islas Pyrran. Ambos habían sido arrastrados a la base militar más cercana y ejecutados por orden de su madre, la verdad acerca de sus actividades con la Resistencia escondidas para todos, salvo unos pocos.
Y justo esta mañana, como un ciclón cataclísmico, llegaron las noticias que enviarán ondas de impacto a través de los Reinos del Este y Oeste.
Su madre, la Bruja Negra, está muerta.
Asesinada por un Ícaro que murió mientras la mataba con un rayo de fuego de dragón. Un final acorde al reinado de fuego que amenazó con esclavizar por completo los Reinos del Este y Oeste. Que destruyó ligas de bosque y convirtió las hermosas planicies del Este y las tierras Uriscal del sur en un desierto carbonizado.
Un horrible presentimiento se enroscó en el pecho de Edwin.
Los Gardenerianos estarán determinados a vengarse. Y ya no son débiles. Gardneria es ahora diez veces más grande de lo que solía ser y el poder más grande en la región por un largo tiempo, su única competencia son los Elfos Alfsigr, sus incómodos aliados.
Y van a buscar su próximo Gran Mago. 
Edwin mira a los niños con creciente alarma.
Su sobrino, Rafe Gardner, se sienta en la alfombra con patrones de hojas mientras observa fijamente a su tío y tía. Con solo cinco años, el pequeño Rafe tiene la calma de un niño mucho mayor, se ha convertido rápidamente en el guardián de sus hermanos. Llora en silencio, abrazando protectoramente al pequeño Trystan.
Trystan se ha enroscado en una bola de miseria mientras llora y se queja —Papá. Mamá. Papá. Mamá —repite una y otra vez.
El corazón de Edwin se aprieta con preocupación. Trystan es un niño frágil, propenso a las lágrimas y el miedo, los ojos del delgado niño de dos años están aterrorizados y perdidos.
Y está Elloren, de tres años.
Está acurrucada junto a sus hermanos, abrazando fuertemente el cobertor que Tessla le cosió. La manta fue creada con amor para Elloren mientras aún estaba en el vientre de Tessla, un árbol con muchas ramas y brillantes hojas verdes está bordado en la tela, junto con pequeñas aves y animales. Elloren se queja suavemente escondida en ella.
Conmovido, Edwin se arrodilla junto a Elloren y la abraza. Ella estira sus pequeños brazos para aferrarse a él y a la manta, su cuerpo se sacude con sollozos.
Edwin mira a Vyvian, y la expresión en la cara de su hermana le da escalofríos.
Ella mira a los niños como si fueran una despreciable repercusión, su odio por Vale y Tessla es completamente evidente y se transfiere a los niños inocentes. Edwin abraza a Elloren más fuerte mientras observa la expresión cruel y despiadada en el rostro de Vyvian y se da cuenta de lo que tiene que hacer.
Los niños lo necesitan y él los ama.
—Los niños se quedarán conmigo —le dice a Vyvian, su voz rasposa pero decidida y se sorprende a sí mismo con lo inquebrantable que es mientras enfrenta a su intimidante hermana.
El ceño fruncido de Vyvian se profundiza, empuña las manos convulsivamente, su mirada asesina se centra en Edwin. Su desconcierto es poco característico, y Edwin sabe que es por todas las razones equivocadas. 
—De acuerdo —dice, y su boca se aprieta mientras le lanza una última mirada cargada de resentimiento a los niños como si quisiera deshacerse de este terrible momento y de ellos también. Se mueve para irse pero se detiene junto a la puerta y voltea despacio, su mirada se fija de nuevo en los niños de una manera que envía un escalofrío más fuerte por la columna de Edwin, el odio en su mirada se transforma en evaluación.
Mira a Edwin de nuevo, su expresión afilada y dura como una aguja.—Necesitarás hacerles exámenes de varita —insiste— y pronto. Si tienen poder me dejarás saber inmediatamente. Madre habría insistido —. Su voz se rompe y lágrimas brillan en sus ojos. Parpadea firmemente manteniendo las lágrimas a raya. —El legado de nuestra familia no morirá con nuestra Madre —señala a los niños con un elegante movimiento de su mano—. Sus padres eran traidores, pero tal vez los niños puedan convertirse en campeones de nuestra gente si son criados de la forma correcta.
Edwin solo parpadea, y en este momento odia su hermana.
«¿Sus padres?. No, Vyvian.» Quiere gritarle. «¡Nuestro hermano y su esposa!»
Pero Edwin sabe que Vyvian tiene sus persianas firmemente puestas. No hay espacio para los matices en su perspectiva. Para Vyvian, el mundo está dividido en limpias mitades: están los Malvados y los Gardnerianos.
Y tienes que escoger un lado o el otro.
«No»
Edwin sabe lo que tiene que hacer. No lo que Vyvian quiere. Pero tampoco lo que Vale y Tessla hubieran querido.
«Perdóname, Vale. Perdóname, Tessla.»
Abraza a Elloren más fuerte mientras lo baña una feroz ola de amor protector.
Si alguno de los niños ha heredado el poder de su madre, él lo va a esconder de los Gardnerianos. Protegerá a los niños de todo esto.
Ellos no podrán tenerlos.
Ni los Gardnerianos. Ni la Resistencia.
Este legado de magia malvada terminará aquí.
***
Varios meses más tarde, Edwin decide hacer exámenes de varita a Rafe, Trystan y Elloren.
Los evalúa en ocasiones separadas, viajando lejos fuera de Valgard cada vez y llevando a cada niño a lo profundo del bosque donde nadie podrá atestiguar la magia liberada.
Edwin reza para que esa magia no exista.
Y hasta ahora, sus plegarias incómodas han sido más o menos respondidas.
A Edwin le preocupaba que Rafe hubiera heredado las habilidades poderosas de su madre. Es un niño amable pero su presencia es sorprendentemente poderosa. Agraciado físicamente y seguro de sí mismo, Rafe está lleno de una confianza de acero que no es usualmente vista en un niño de tan tierna edad. Pero básicamente no tiene ningún poder mágico, sólo una delgada hebra de magia de la tierra.
Está claro que Trystan va ha ser un poderoso Mago, el precoz niño de dos años ya puede recitar hechizos y tiene acceso a magia de agua. Pero no es un Gran Mago. No tiene nada del poder loco y abrumador de su abuela, su nivel de magia de agua es cinco, pero no superior. También es sensible, callado, y no es propenso a la violencia.
Y está Elloren.
Edwin envía una plegaria mientras camina dentro del bosque con la gentil Elloren, su pequeña mano agarrada con confianza a la de él.
«Gran Ancestro, por favor que esta niña esté libre de poder.»
Ella está tan relajada, dando saltitos a su lado. Tán cómoda en el bosque. Como todos los Gardnerianos sin poder. 
Pero lo atraída que está hacia la madera ha perturbado a Edwin por un tiempo. Recoge pequeñas piezas, las colecciones metidas en sus cajones, en sus bolsillos, escondidas bajo la cama.
Edwin mira hacia Elloren con una sonrisa forzada que es correspondida mil veces más intensa.
Tiene las facciones severas de Vale, piensa. Tan agudas y angulares para una niña tan amable y alegre. Pero entonces sus pensamientos cambian.
«Tiene exactamente las mismas facciones que su abuela.»
Edwin empuja el aterrador pensamiento fuera de su mente. Vale lucía igual que su poderosa madre, y era poderoso, pero no era ningún Gran Mago. Y Elloren está atraída hacia la madera, pero Edwin tampoco puede dejar de tocarla, pasa horas cada día tallando y creando violines. Y es tan solo un Mago Nivel Uno.
«No, Elloren no tendrá poder.» Se asegura a sí mismo. «Como yo.»
Edwin se detiene en un pequeño claro, los rayos del sol lo iluminan, las aves cantan. La pequeña Elloren se ríe y da vueltas, le sonríe al sol. Se detiene, tambaleándose un poco de tanto girar y le sonríe a su tío.
—Aquí tienes, Elloren —dice Edwin ansioso mientras desliza su mano dentro del bolsillo de su túnica—. Tengo algo para ti —. Saca la varita y se la entrega a su sobrina. 
—¿Para qué es? —pregunta, tomando la varita en sus pequeñas manos con una mirada de curiosidad.
—Es un juego —dice Edwin con ligereza mientras pone una vela en un tronco antes de regresar a su lado y señalar la vara con un dedo. —Y eso es un palo mágico, pero tengo que mostrarte cómo usarlo —se agacha en una rodilla y guía su mano dominante en la posición correcta alrededor del mango de la varita, sus manos tiemblan mientras rodean la pequeña mano con aprehensión. —Sostén el palo así, Elloren.
Elloren lo mira con obvia preocupación, claramente notando como tiembla, pero Edwin forza otra sonrisa y ella le sonríe de vuelta, luciendo motivada mientras envuelve sus dedos en la posición correcta. 
—Así está bien, Elloren —dice Edwin mientras suelta su mano y se levanta. —Ahora voy a pedirte que digas unas palabras graciosas. ¿Puedes hacer eso?
La sonrisa de Elloren se torna brillante y asiente.
El estómago de Edwin se aprieta. Es una niña tan obediente. Tan fácil de complacer.
«Tan fácil de blandir.»
Edwin enuncia las palabras para el hechizo de encender la vela varias veces, palabras en la Antigua Lengua; palabras extrañas con sutiles inflexiones, nada fáciles de pronunciar.
—¿Crees poder pronunciar eso? —le pregunta a su sobrina.
Elloren asiente mientras apunta la varita correctamente con un enfoque determinado y Edwin repite las palabras unas veces más para que ella pueda recordarlas.
—Entonces adelante —la motiva gentilmente mientras su garganta se constriñe con aprehensión, su corazón martillando con miedo afilado y esperanza sofocada.
Elloren dice el hechizo, claro y correcto, su brazo tiembla ligeramente, su cuerpo firme.
Y entonces echa la cabeza hacia atrás.
Un violento río de fuego erupciona desde la punta de la varita y explota más allá del tronco, explotando a través de un gran árbol y varios más detrás de ese. Edwin se tropieza dando un paso hacia atrás y Elloren grita mientras el bosque explota como un rugiente monstruo de fuego.
Edwin saca la varita de la mano de Elloren arrojándola hacia un lado, carga a la niña y corre, apresurándose mientras el bosque se cae a pedazos alrededor de ellos.
***
Edwin pasa el próximo año tratando de que Elloren olvide.
Cuando Elloren se despierta gritando de pesadillas ardientes, le insiste que lo que recuerda es una tormenta. Una feroz y rara tormenta, un infierno causado por un violento rayo.
Insiste en ello una y otra y otra vez.
Y con el tiempo, ella le cree. Su verdadero recuerdo es enterrado y se desvanece.
***
Pero el bosque recuerda.
Los árboles envían la advertencia en su forma progresiva, despacio como la savia viaja a través de raíces enredadas, un árbol después del otro. Y gradualmente, inexorablemente, el mensaje es llevado a el Bosque del Norte y a sus Driadas Guardianas.
Hasta III.


La Bruja Negra regresó. 


Quince años después...
__________________________________________
©Laurie Forest, 2020
Traducido por Selene Kallan


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Tuesday, March 24, 2020

Exclusive Preview: The Shadow Wand by Laurie Forest.

Read an exclusive excerpt of the Shadow Wand by Laurie Forest here!



The Gardnerian Prophecy
(Divined from Ironwood cleromancy by Priest Seers of the First Children)

A Great Winged One will soon arise and 
cast his fearsome shadow upon the land. 
And just as Night slays Day
and Day slays Night, 
so also shall another Black Witch 
rise to meet him, 
her powers vast beyond imagining.
 And as their powers clash upon the field of 
battle, the heavens shall open, the mountains 
tremble and the waters run crimson.
And their fates shall determine 
the future of all Erthia.



The Noi Prophecy
(Scried from Black Ginkgo tasseography by the Blessed Servants of Vo)

A wyvern child shall be brought forth
 by the Great Goddess Vo, 
and he shall be filled with the 
dragon goddess’s own fire and 
power and righteousness.
But wreathed in Shadow, 
another Black Witch shall also rise.
To weave horror and corruption 
throughout Erthia.
 The two shall meet on the field of battle 
as all color is bled from the world.
And consumed by the Shadow.



The Amaz Prophecy
(Foretold from Sacred Red Elm Astragalomancy by the Seers of the Goddess)

Daughters of the Goddess take heed!
A great Shadow Force rises 
from the Cursed World of Men.
And amidst its darkness, a Wyvern Male 
and a Black Witch shall arise and clash,
raining destruction upon the world.

Take up arms, Blessed Daughters!
The hour to save Erthia is at hand!





Prologue  

Fifteen years ago…



Edwin Gardner sits on the silk-cushioned chair in a haze of grief. 
He watches his distraught sister, Vyvian, pace across her ornate parlor, wishing he could wash his hands of his family’s cursed legacy of magic.
And wishing that the news Vyvian just imparted wasn’t so completely horrific. 
Incredibly, in the midst of this world-altering day, Vyvian is dressed as impeccably as ever. Her long, gleaming black hair is artfully plaited, not a strand out of place. Her formfitting, midnight-silk tunic and long-skirt are perfectly pressed and patterned with lush pine boughs. And there’s luxury everywhere in this cursedly opulent room - dark, polished Ironwood trees set into the walls, their obsidian branches tangling overhead. An oak-leaf patterned rug beneath his feet. Panoramic windows edged in luminous stained-glass vines that overlook Vyvian’s expansive garden of bloodred roses.
The finest of everything, Edwin considers with bitter anguish. All this wealth secured by his mother’s cruel reign of fire. Edwin sends up a prayer that future generations will not inherit this terrible, corrupting magic. 
 Vyvian continues to pace, not even bothering to look at the three children huddled miserably in the corner as Edwin’s grief threatens to tear him apart.
 His brother Vale and Vale’s fastmate, Tessla, are dead.
Edwin’s throat is tight, his breathing irregular and stifled over the loss of two of the people he loves most in all the world. He wants to rip at his hair and cry out in misery to the heavens. To shake his fist at his powerful sister, at the entire monster that is Gardneria. But he can’t fall apart. He has three children who need his protection. Vale and Tessla’s children.
Rafe, Trystan, and Elloren.
***
 “You can’t fight the Gardnerians,” he’d warned Tessla just a few months ago, overcome with worry as he faced her in her Valgard home. “You don’t know what cruelty my mother is capable of. Her power has turned shadowed, Tess. It's consuming her.”
 “I have to fight,” Tessla passionately countered, her voice rough with defiance. “They’re rounding up all the Fae, Edwin! The children too. We have to help them!"
 “You can’t.”
 “We have to. Don't you see? The Gardnerians are doing the same thing that the Kelts and the Urisk did to us! Children are being herded up. Whole families. Do you know what that’s like? Watching your family, your people, herded together to be killed? The children screaming?” Tessla’s cheeks were flushed, her green eyes blazing. 
 She was so beautiful in that moment, it was hard for Edwin to look at her.
 He’d tried to reason with her. "Think of your children.” They were being left with him for longer and longer stretches as Vale and Tessla fought this unbeatable evil. “What will Rafe and Trystan and Elloren do if something happens to you?”
 Tessla shook her head. "I can’t sit by and do nothing about this horror."
 "You can’t win, Tess!" 
 She and Vale were tempting fate, Edwin knew. Tempting the awful power of his mother and the Gardnerian military by secretly working for the Resistance. Both Vale and Tessla involved in smuggling Fae children and families through the Spine’s Eastern Pass, the two of them in league with Beck Keeler and Fain Quillen and Jules Kristian. And others.
 The ever-present knot of dread tightened inside Edwin. 
He feared it would be only a matter of time before Vale and Tessla were caught and executed, then made to look like war heroes. Their Resistance activities neatly covered up.
To save the reputation of the Black Witch.
***
 And now, he’s sitting here, grief burning in his chest, because that’s exactly what's happened - Vale and Tessla were apprehended three days ago as they attempted to save a group of Asrai Fae children from shipment to the Pyrran Islands. Both of them had been dragged to the nearest military base and executed at his mother’s command, the truth of their Resistance activities hidden from all but a select few.
And this morning, trailing in behind this news like a cataclysmic cyclone, is news that’s sending shockwaves through both the Western and Eastern Realms. 
 His mother, the Black Witch, is dead.
 Slain by an Icaral who died as he killed her with a bolt of wyvern flame - a fitting end to a reign of fire that threatened to enslave the entire Western and Eastern Realms. That had destroyed leagues of forest and turned the lush plains of the East and the southern Uriskal lands to scorched desert. 
 Foreboding curls under Edwin’s ribs, constricting his chest.
The Gardnerians will be set on vengeance. And they’re not weak anymore. Because of his mother, Gardneria is now ten times its original size and the major power in the region for a long time to come, rivaled only by their uneasy allies, the Alfsigr Elves.
And they’ll be looking for their next Great Mage. 
Alarm rises inside Edwin as he looks to the children.
 His nephew, Rafe Gardner, sits on the leaf-patterned carpet, steadily watching his uncle and aunt. At five, little Rafe has the stoicism of a much older child, quickly appointing himself the protector of his younger siblings. He cries silently, his arms draped protectively around tiny Trystan. 
 Trystan has curled himself into a tight ball of misery as he keens and whimpers, “Poppa. Momma. Poppa. Momma,” over and over.
 Edwin’s heart wrenches with worry. Trystan's a fragile child, prone to tears and fear, the skinny, two-year-old's eyes dazed and frightened.
 And then, there’s three-year-old Elloren. 
 She's balled up next to her brothers, hugging the quilt Tessla sewed for her - the blanket lovingly crafted for Elloren when she was still in Tessla's womb, a branchy tree with bright green leaves stitched onto the fabric, with little embroidered birds and animals darting all around. Elloren is whimpering softly into its folds. 
 Overcome, Edwin goes to Elloren, kneels and embraces her. She reaches out small arms to cling to both him and her quilt, her body wracked with sobs.
 Edwin glances at Vyvian and his sister’s expression sends an icy chill straight through him.
 She’s glaring at the children like they’re hideous blowback, her hatred for Vale and Tessla on full display and spilling over onto these innocents. Edwin’s hold on Elloren tightens as he takes in Vyvian’s cruel, unforgiving expression and he realizes what he must do.
The children need him and he loves them.
 “The children will stay with me,” he tells Vyvian, his voice hoarse but staunch and he surprises himself with how unwavering he is in the face of his intimidating sister.
 Vyvian’s frown deepens, her fists clenching and unclenching, her glare sharpening on Edwin. She seems uncharacteristically rattled, and Edwin knows it’s for all the wrong reasons.
“Very well,” she says, and her mouth thins as she flashes one last resentful look towards the children, as if wanting to rid herself of this terrible business and dispose of them. She moves to leave, but pauses at the door and slowly turns, her gaze fixing back on the children in a way that sends a harder chill down Edwin’s spine, her hateful glare morphing to one of appraisal.
She meets Edwin’s gaze once more, her expression and tone hardening to a needled point. “You’ll need to wand test them,” she insists. “And soon. If they have power, you’re to immediately let me know. Mother would have insisted on it.” Her voice breaks and tears glisten in her eyes. She blinks the tears back firmly. “Our family legacy might not die with Mother.” She gestures towards the children with a flick of her elegant hand. "Their parents were traitors, but perhaps, if raised correctly, the children can grow up to be champions of our people.”
 Edwin blinks at his sister and in this moment, he hates her. 
 Their parents.
 No, Vyvian, he wants to rail against her. Our brother and his fastmate!
 But Edwin knows that Vyvian has her blinders firmly in place. There is absolutely no nuance in her perspective. To Vyvian, the world is divided into clean halves - there are Evil Ones and there are Gardnerians. And you have to pick one side or the other.
 No.
 Edwin knows what he will do. Not what Vyvian wants. But not what Vale and Tessla would have wanted either.
 Forgive me, Vale. Forgive me, Tessla
 He hugs Elloren close as a fierce wave of protective love washes over him. 
 If any of the children has inherited his mother’s power, he will hide it from the Gardnerians. He will protect the children from all of this. 
 They can’t have them. 
Not the Gardnerians. Not the Resistance.
 This legacy of evil magic will end here.
***
Several months later, Edwin decides to wandtest Rafe, Trystan and Elloren.
He tests them on separate occasions, traveling far outside of Valgard each time and taking each child deep into the woods where no one will be able to witness any magic uncovered. 
Magic that Edwin prays is not there.
And so far, his uneasy prayers have been mostly answered. 
Edwin had been worried that Rafe might have inherited his mother’s powerful abilities. He’s a kind boy, but with a surprisingly powerful presence. Physically graceful and sure of himself, Rafe is filled with a steely confidence not often seen in a child of such a tender age. But he’s as good as magically powerless, with only a thin sliver of earth magic.
It’s clear that Trystan’s to be a powerful Mage, the precocious two-year-old already able to sound out spells and access water magic. But he’s no Great Mage. He has none of the crazy, overwhelming power of his grandmother, his water magery testing at Level Five but not beyond. Also, he’s a sensitive, quiet child, disinclined to violence. 
And then there’s Elloren.
As Edwin walks into the woods with gentle Elloren, her small hand clasped trustingly in his, he sends up a prayer. 
Ancient One, please let this child be free of power. 
She’s so untroubled, skipping alongside him. So at ease in the woods. Like all powerless Gardnerians.
But it’s disturbed Edwin for some time now, how drawn Elloren is to wood - gathering small pieces of it, her collections stuffed into drawers, filling her pockets, hidden under her bed. 
Edwin glances down at Elloren and forces a smile that’s returned a thousandfold.
She’s got Vale’s stark features, he muses. So angular and sharp for such a kind, sunny child. But then his thoughts shift.
She’s got her grandmother’s exact features.
Edwin pushes the frightening thought from his mind. Vale, himself, looked just like their powerful mother, and he was powerful, but he was no Great Mage. And Elloren might be drawn to wood, but Edwin himself can barely keep his hands off of it, spending hours each day carving and creating violins. And he’s only a Level One Mage. 
No, Elloren will be powerless, he reassures himself. Just like I am.
 Edwin stops in a small clearing, rays of sun streaking down, birds twittering. Little Elloren giggles and spins around like a whirring maple seed, her smile to the sun. She stops, teetering from the spinning, and grins at her uncle.
 “Here, Elloren,” Edwin says as he slides his hand into his cloak’s pocket, anxiety mounting inside him. “I have something for you.” He draws out the wand and hands it to his niece.
“What’s that for?” she asks, taking the wand into her small hands with a look of curiosity.
 “It’s a game,” Edwin says lightly as he sets a candle on a nearby stump before returning to her, his finger flicking towards the wand. “And that’s a magic stick, but I’ll have to show you how to use it.” He gets down on one knee and guides her wand hand into the proper position around the wand’s hilt, his hands trembling around her small one with apprehension. “Hold the stick like this, Elloren.”
Elloren looks up at him with obvious concern, clearly noting his trembling, but Edwin forces another smile and she smiles back, looking heartened, as her fingers slide into position.
 “That’s it, Elloren,” Edwin says as he releases his hands from hers and rises. “Now I’m going to ask you to say some funny words. Can you do that?”
 Elloren’s smile brightens and she bobs her head up and down. 
Edwin’s gut tenses. She’s such a compliant child. So eager to please.
 So easy to wield.
 Edwin sounds out the words to the candle lighting spell several times, words in the Ancient Tongue - foreign words, with subtle inflections, not easily made. 
 “Do you think you can remember that?” he asks his niece.
 Elloren nods as she points the wand out straight and true with determined focus and Edwin repeats the words a few more times so she can remember.
“Go ahead, then,” he gently prods as the apprehension tightens his throat, his heart hammering with both breathless hope and jagged fear. 
 Elloren sounds out the spell, clear and correct, her arm taking on a slight tremor, her body stiffening.
And then her head jerks backwards.
 A violent stream of fire bursts from the wand’s tip and explodes past the stump, blasting clear through a large tree and several more behind it. Edwin stumbles backward and Elloren screams as the woods explode into a crackling, roaring monster of flame 
 Edwin wrests the wand from Elloren’s hand, thrusts it aside, grabs her up and runs, racing through the woods as the forest falls apart behind them. 
***
Edwin spends the next year trying to get Elloren to forget. 
He insists, when Elloren wakes screaming from fiery nightmares, that what she remembers was a storm. A fierce, freakish storm – an inferno caused by unusually violent lightning. 
He insists on it again and again and again.
And in time, she believes. And her true memory is buried and grows faded.
***
But the forest remembers.
The trees send out word in their creeping way, slow as sap traveling through tangled roots, one tree after another after another. And gradually, relentlessly the message is carried towards the Northern Forest. Towards its Dryad Guardians. 
Towards III.

The Black Witch is back. 

Fifteen years later…

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